Diseño
El instinto de diseñar el propio CV es el que hay que resistir. Un documento maquetado maravillosamente que un parser convierte en una columna de fragmentos pierde antes de que nadie vea la maquetación.
El portafolio es donde se juzga el oficio. El CV tiene un trabajo más estrecho: meterte en el montón donde alguien abre el enlace del portafolio. Es un documento de derivación, y esos documentos son sobrios a propósito.
Lo segundo que los diseñadores infravaloran es el resultado. Rediseñé el onboarding es una tarea; reduje el abandono en el segundo paso del 34% al 19% es el mismo trabajo contado de forma que quien contrata pueda llevárselo a su jefe.
Cada recurso que hace que un CV parezca diseñado es un recurso que hace que se lea mal: texto dentro de formas, una barra lateral que se lee como un segundo documento, una línea de tiempo dibujada con filetes, iconos donde debería haber palabras. Gasta el oficio en el portafolio y en la redacción.
Una lista de pantallas entregadas dice qué te asignaron. Pero quien contrata compra criterio: la restricción que detectaste, la opción que descartaste, la medida que te dijo que funcionaba. Dos o tres viñetas así valen una página de entregables.
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